El terror de los rebaños kiwis
uno de los mejores jugadores del mundo en su puesto aprendió a tacklear gracias a sus lanudos amigos. El capitán de los All Blacks, Richie McCaw, solía practicar en la antigua granja en la que creció.
El ala de Canterbury es sólo uno de tantos kiwis que corren a través de los montes en busca de algún animalito para esquilar. Entre los más ilustres, se puede contar al gran Colin Meads.
Pero ojo, este secreto milenario no salió a la luz así porque sí. La razón principal es que esta práctica podría llegar a su fina a raíz de lo ocurrido en el encuentro entre Wairarapa-Bush's vs. Horowhenua-Kapiti.
En algunos partidos, suele haber espectáculos de medio tiempo para distraer al público. Pero los muchachos decidieron abrir el corral de La Rural y soltaron al campo de juego cinco ovejitas. A toda velocidad, y detrás de los rumiantes, partieron jóvenes del público con la promesa de unos dólares si tenían éxito en la cacería.
A pesar de que la invitación estaba destinada a chicos menores de 10 años, se dice que se coló un grandulón que se llevó el primer premio.
Pero el verdadero revuelo nació a partir de los alegatos que acusan al muchachito de lastimar con alevosía a su presa. ¿Estaría preparando el asadito? Poco le importó eso a Val Ball, presidente de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales.
"Este mensaje le indica a los más jóvenes que está bien lastimar por diversión a estas criaturas. Pero no es aceptable hacer este tipo de cosas", comentó el directivo.
Por otro lado, David Cameron, el CEO de Wairarapa-Bush, trató de poner paños fríos al tema y dijo que ningún animal fue dañado durante el espectáculo y aseguró que buscaría una nueva atracción para el medio tiempo.
Sin embargo, todo este revuelo parece haberle tocado un curioso costadito sensible y moralista a Charlie Meyer, el número uno del club de fans del equipo, que disparó "si llega el día en el cual nuestros hijos ya no pueden tacklear una oveja, deberemos rever seriamente qué está pasando con nosotros".
El ala de Canterbury es sólo uno de tantos kiwis que corren a través de los montes en busca de algún animalito para esquilar. Entre los más ilustres, se puede contar al gran Colin Meads.
Pero ojo, este secreto milenario no salió a la luz así porque sí. La razón principal es que esta práctica podría llegar a su fina a raíz de lo ocurrido en el encuentro entre Wairarapa-Bush's vs. Horowhenua-Kapiti.
En algunos partidos, suele haber espectáculos de medio tiempo para distraer al público. Pero los muchachos decidieron abrir el corral de La Rural y soltaron al campo de juego cinco ovejitas. A toda velocidad, y detrás de los rumiantes, partieron jóvenes del público con la promesa de unos dólares si tenían éxito en la cacería.
A pesar de que la invitación estaba destinada a chicos menores de 10 años, se dice que se coló un grandulón que se llevó el primer premio.
Pero el verdadero revuelo nació a partir de los alegatos que acusan al muchachito de lastimar con alevosía a su presa. ¿Estaría preparando el asadito? Poco le importó eso a Val Ball, presidente de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales.
"Este mensaje le indica a los más jóvenes que está bien lastimar por diversión a estas criaturas. Pero no es aceptable hacer este tipo de cosas", comentó el directivo.
Por otro lado, David Cameron, el CEO de Wairarapa-Bush, trató de poner paños fríos al tema y dijo que ningún animal fue dañado durante el espectáculo y aseguró que buscaría una nueva atracción para el medio tiempo.
Sin embargo, todo este revuelo parece haberle tocado un curioso costadito sensible y moralista a Charlie Meyer, el número uno del club de fans del equipo, que disparó "si llega el día en el cual nuestros hijos ya no pueden tacklear una oveja, deberemos rever seriamente qué está pasando con nosotros".

